La época de los nuevos descubrimientos coincidió con el renacimiento, el surgimiento del capitalismo, la consolidación de los estados bajo monarquías centralizadoras y la dominación de los turcos en el mediterráneo oriental. La interacción de estos procesos explica por qué los europeos ampliaron los horizontes del mundo hasta entonces conocido. Aporto un nuevo enfoque del mundo, la curiosidad por conocerlo y la audacia para enfrentarse a tierras y mares desconocidos.
Entre los comerciantes europeos existía el vivo deseo de encontrar un camino más rápido para llegar a las indias, pues de ahí venia la seda y telas preciosas, los perfumes, el marfil y sobre todo las especias (clavo, canela, pimienta, nuez moscada, etc.), los cuales consistían en un elemento indispensable para la vida cotidiana.
Anteriormente estos productos eran traídos por los árabes, por vía terrestre hasta el mar negro, donde las compraban marinos genoveses; o por el océano Indico y el Mar Rojo hasta Alejandría, venecianos donde eran adquiridas por los venecianos. Lo que encarecía las mercancías y acrecentaba la necesidad de encontrar un nuevo camino de las Indias.
Varias causas agudizaron este deseo latente: la toma de Constantinopla por lo Turcos, que corto las rutas comerciales a genoveses y venecianos; el espíritu caballeresco medieval de buscar en la aventura, en lejanas tierras, una compensación a sus afanes de gloria y riquezas. Por último la leyenda áurea de las tierras de oriente, avivada por los relatos de Marco Polo.
Los primeros en buscar solución fueron los portugueses. En 1415 conquistan Ceuta, y a partir de esta fecha, descubren, exploran y conquistan la costa atlántica africana, tratando de encontrar una nueva ruta para la especiería, tarea nada fácil, ya que el instrumento náutico utilizado por las naves lusitanas era el astrolabio, que con gran precisión señalaba la precisión de la estrella polar, pero que a partir del ecuador, ya no se podía manejar, por lo que la navegación desde la línea equinoccial hacia el sur era azarosa. Para solucionar este problema técnico, el rey Juan II llama a Lisboa al geógrafo de más renombre de Europa, a Martin Bechaim, o de Bohemia, quien ideo navegar más al sur de la línea equinoccial, valiéndose de la posición del sol. La empresa decisiva la protagonizo Bartolome Díaz en 1487, al doblar el cabo de las tormentas o tormentoso, que a partir de ese momento se llamara Cabo de Buena Esperanza. Con ello, quedaba abierta la ruta hacia Asia. Su información serviría a Vasco de Gama en su gran expansión hacia la india, donde Portugal instala varias factorías, llegando así al punto neurálgico del comercio de las especies, y adueñándose de las rutas marítimas por el Atlántico y el Indico.
A la corona española no le queda más remedio que llegar a la especiería por occidente, para evitar enfrentamientos con los portugueses.
ADRIANA